lunes, 30 de diciembre de 2013

“Je suis amoreusse, vraiment amoreusse”

Mis recuerdos más remotos me parecen lejanos más bien ajenos, pero me reconozco en ellos. Pienso en uno en particular, se remonta a mi niñez. Soy yo. Me siento asombrado por lo basto que es el mundo, contemplo las estrellas y todo es aún más desconcertante. De vez en cuando, veo mareas humanas y pienso que en este planeta debemos de ser muchas personas, millones. Un sentimiento extraño me invade. No puedo ser el único Carlos, existe alguien más. En este momento otra persona hace exactamente lo mismo que yo. Jugamos el mismo juego, comemos la misma comida y recitamos los mismos sinsentidos. Lo más probable es que sea en otro país, tal vez China  no lo sé. ¿Alguna vez lo sentiste?
La double vie de Véronique (The Double Life of Veronique) –en la forma- trata sobre dos mujeres físicamente idénticas, pero diferentes a fin de cuentas. Ambas son interpretadas por la misma actriz (Irene Jacob): Weronika, que vive en Polonia y Véronique, que vive en Francia. Ambas nacieron el mismo día y el mismo año, sin embargo, pese a un breve encuentro en el que una pasa desapercibida ante la otra, ellas nunca se conocen. Cada una vive su propia historia, sabemos que no existe ninguna relación sanguínea. Entonces… ¿Qué sucede? No nos corresponde responder esa pregunta, es un misterio, pero no importa. En la sustancia, esta película trata sobre un sentimiento, el de ambas mujeres que han pasado su vida sintiendo que ellas existen en dos planos a la vez. Aunque no lo pueden explicar con claridad, su conexión se manifiesta psíquica y físicamente, en forma de sueños o extrañas coincidencias.

En sus películas, el director polaco Krzysztof Kieslowski (The Dekalog y la trilogía Trois Couleurs) se enfocaba más en el desarrollo emocional de sus personajes, que en la trama per se; para algunos La doublé vie podría parecer un disparate alegórico o un cóctel de simbolismo; por fortuna Irene Jacob interpreta mágicamente ambos personajes. Ignoremos que se trata de una mujer hermosa, la señorita Jacob sostiene el peso del drama poético y humano en preciosos e invaluables momentos; en uno de ellos se detiene, alza la mirada, cierra los ojos y toma un fuerte suspiro, es la poesía de la encarnación, sin saberlo, está compartiendo un aire de vida con su contraparte perdida. Nos identificamos con su júbilo, felicidad, confusión, tristeza y el deseo de sentirse amada. Es todo un recordatorio de la sensibilidad humana, un retrato de nuestra condición como espíritus de la creación e inclusive de la pureza.



Es puntual recordar que Kieslowski esconde simbolismos difusos. ¿Alguien podría explicar el final? ¿Y qué con la mujer que observa a Véronique en la estación? En sus películas, Kieslowski  normalmente se vale de recursos representativos y pictóricos para controlar la atmósfera fuertemente emocional del filme. La paleta en sus encuadres muestra colores vivos, claros, brillantes: evoca un poco la estética fauvista, como en una escena de persecución por las calles de París, donde una marea de luz dorada se apodera de la secuencia. De igual forma, las sombras nos hablan, pero existe un secreto permanente y en el rojo, una emoción vibrante. Lo mismo podría decir sobre la música. Olvide mencionar que ambas Weronika y Véronique son virtuosas para esta disciplina. La primera lo audiciona profesionalmente, la segunda se retira después de caer en una depresión inexplicable que irrumpe un encuentro de sexo ocasional. Soy de la opinión que la musicalización en el cine es magia pura y aquí tampoco es excepción: lleva a la perfección los momentos y los tiempos en el film.


Ya sea como oda al deseo de una vida paralela, un film inteligente con significados encubiertos o una muestra de bellos encuadres y momentos de alto valor poético,  La double vie, se siente como un regalo, un recordatorio sobre los instantes, la necesidad de vivir la plenamente y develar la belleza del drama humano. En una conversación con su padre, Veronique reconoce estar enamorada de un extraño “Je suis amoseusse, vraiment amoreusse” En este mundo, todos somos extraños, pero como recitó Octavio Paz en Noche en Claro “el mundo cambia cuando dos se miran y se reconocen”.

Cambiemos al mundo.