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Years a Slave es difícilmente una película común. Sí, es una autobiografía, y sí, es la historia de un crimen cometido contra una minoría racial. Es el tipo de película que termina por enamorar tanto a críticos como audiencias. Se puedo decir que ,en efecto, es una obra maestra. Pero no de cualquier tipo.
Se trata de la historia de Solomon un hombre negro de diferentes talentos, libre en épocas de esclavitud y que vive una vida tranquila y feliz junto a su familia en Nueva York. Bajo una desagradable circunstancia Solomon es engañado, raptado y llevado al sur de los Estados Unidos, lugar donde la esclavitud aún es permitida. Solomon es convertido en esclavo y pierde su libertad.
Se trata de una película impecable en cualquier sentido. Perfecta para sensibilizar a la audiencia a cerca de la aberración de la esclavitud durante ese bochornoso capítulo de la historia norteamericana cuyas heridas siguen latentes. Es parecida a "La Lista de Schindler" en la forma que ejemplifica el terror como política de estado y la calamidad de quien pregona y ejerce la violencia con el látigo, el fusil o de gravedad similar: con su silencio. El director de origen africano, Steve McQueen, muestra con nitidez el tortuoso camino hacia el bulevar de la desgracia, donde de antemano sabemos, no habrá vuelta atrás.
No obstante, existe una clara diferencia entre estos dos magníficos filmes: Gracias a Oscar Schindler aún podemos vislumbrar un poco esperanza; nos aferramos a ella entre la árida marea del caos; el hombre le habrá salvado la vida a más de 1000 judios y será condecorado; 12 Years a Slave es la inmerción total en la tiniebla que habita dentro del hombre. No existe la venganza, tampoco la justicia. No hay un "payback" como el de Django, si acaso, la determinación y la esperanza que Solomon rehusa perder. Un hombre que rememora sus dias pasados e intenta recuperar la vida que le fue arrebatada.
Existe una escena digna de recordar: Solomon ha profanado la "ley" y es colgado de una soga como castigo. Las puntas de los pies lo salvan de una muerte segura. Se sostiene a estas durante una tarde entera, quizás más. Steve McQueen deja la cámara estática, nos muestra la experiencia de horror y abandono que experimenta este hombre quien no recibe ni la más ínfima señal de misericordia. Mientras esto sucede, el resto de los esclavos transitan como si fuera cualquier otro día, cumplen sus labores; los más jovenes saltan y rien en el campo. Una alegoría de la indiferencia que se produce cuando nos acostumbramos a la infamia. En México sería el karma de vivir en el norte del país.
En otra escena memorable, un trabajador exhausto cae muerto mientras recoje algodón. Más adelante sus restos son velados por los otros esclavos que cantan canciones gospel. Solomon, quien hasta el momento había conservado su sanidad, se entrega a la oración de forma devota y desesperada. En medio de tantos problemas, esa parece ser el único consuelo. La religión es profanada con frecuencia. El personaje de Michael Fassbender (un psicópata y sadista "landlord" sureño) lée su versión de las escrituras a sus esclavos (o como el les llama "mi propiedad"): "Ustedes han venido al mundo para servirme,el que no lo haga, será asotado más de 100 veces". Se trata de un antagonista verdaderamente desagradable.
Se trata de la historia de Solomon un hombre negro de diferentes talentos, libre en épocas de esclavitud y que vive una vida tranquila y feliz junto a su familia en Nueva York. Bajo una desagradable circunstancia Solomon es engañado, raptado y llevado al sur de los Estados Unidos, lugar donde la esclavitud aún es permitida. Solomon es convertido en esclavo y pierde su libertad.
Se trata de una película impecable en cualquier sentido. Perfecta para sensibilizar a la audiencia a cerca de la aberración de la esclavitud durante ese bochornoso capítulo de la historia norteamericana cuyas heridas siguen latentes. Es parecida a "La Lista de Schindler" en la forma que ejemplifica el terror como política de estado y la calamidad de quien pregona y ejerce la violencia con el látigo, el fusil o de gravedad similar: con su silencio. El director de origen africano, Steve McQueen, muestra con nitidez el tortuoso camino hacia el bulevar de la desgracia, donde de antemano sabemos, no habrá vuelta atrás.
No obstante, existe una clara diferencia entre estos dos magníficos filmes: Gracias a Oscar Schindler aún podemos vislumbrar un poco esperanza; nos aferramos a ella entre la árida marea del caos; el hombre le habrá salvado la vida a más de 1000 judios y será condecorado; 12 Years a Slave es la inmerción total en la tiniebla que habita dentro del hombre. No existe la venganza, tampoco la justicia. No hay un "payback" como el de Django, si acaso, la determinación y la esperanza que Solomon rehusa perder. Un hombre que rememora sus dias pasados e intenta recuperar la vida que le fue arrebatada.
Existe una escena digna de recordar: Solomon ha profanado la "ley" y es colgado de una soga como castigo. Las puntas de los pies lo salvan de una muerte segura. Se sostiene a estas durante una tarde entera, quizás más. Steve McQueen deja la cámara estática, nos muestra la experiencia de horror y abandono que experimenta este hombre quien no recibe ni la más ínfima señal de misericordia. Mientras esto sucede, el resto de los esclavos transitan como si fuera cualquier otro día, cumplen sus labores; los más jovenes saltan y rien en el campo. Una alegoría de la indiferencia que se produce cuando nos acostumbramos a la infamia. En México sería el karma de vivir en el norte del país.
En otra escena memorable, un trabajador exhausto cae muerto mientras recoje algodón. Más adelante sus restos son velados por los otros esclavos que cantan canciones gospel. Solomon, quien hasta el momento había conservado su sanidad, se entrega a la oración de forma devota y desesperada. En medio de tantos problemas, esa parece ser el único consuelo. La religión es profanada con frecuencia. El personaje de Michael Fassbender (un psicópata y sadista "landlord" sureño) lée su versión de las escrituras a sus esclavos (o como el les llama "mi propiedad"): "Ustedes han venido al mundo para servirme,el que no lo haga, será asotado más de 100 veces". Se trata de un antagonista verdaderamente desagradable.
A pesar de todo esto, "Slave" nos deja una importante lección. Poco a poco habrá que extirpar nuestra infamia (el genocidio, la homofóbia, el racismo y otros males que se agudizan cuando el Estado es el orquestador), voltear a ver este episodio vergonzoso y proponernos nunca, jamás, repetir algo similar. Películas como esta son encrucijadas, dan sentido a las direcciones y noción a nuestro rumbo. El mensaje principal de 12 Years a Slave es que aún existe futuro, y este, está en nuestras manos.
