(No pretendo hacer una disección académica de la
sociedad ni una declaración de principios. Solo son pensamientos que pasan por
mi cabeza y desembocan irremediablemente en estas palabras que escribo desde la
comodidad de mi escritorio).
LUCES LED COLOR AZUL en el desnivel de las avenidas
Lázaro Cárdenas y Alfonso Reyes. Parquecitos naranjas, toboganes, columpios y
pistas azules en los municipios panistas; en los correspondientes al PRI,
dominan los "subibajas" y gusanitos en fulgurosos tonos tricolores. Recientemente
el Gobierno del Estado rotuló una manta de 180 metros de largo por 5 de ancho
sobre la Torre Administrativa, auto-adjudicándose el mote de "Gobierno del
Cambio".
Hagamos un ejercicio de reflexión y pensemos ¿Qué ha
cambiado? ¿Fueron los cobros de piso, las extorciones, los secuestros, los
robos y los enfrentamientos entre delincuentes a quienes han decidido llamar
"civiles armados"? Si por “Gobierno” se refieren a ellos mismos y “Cambio”
a la dilapidación y el endeudamiento; la inseguridad y la pobreza; la
corrupción y la pasión por la censura, este es, definitivamente el "Gobierno
del Cambio".
Mientras Margarita y Rodrigo se dedican a hacer la
repartición ritual de lonches bajo el loable acuerdo de conseguir un voto como
tributo, sus secretarios son los que intentan rendir cuentas utilizando siempre
el frio lenguaje de los tecnócratas, el laberíntico conjuro del eufemismo. Un
ejemplo reciente de un hecho de corrupción inaceptable en cualquier democracia
moderna, es que al momento de escribir estas palabras, el hijo del exgobernador
de Michoacán “El Gerber” Vallejo, comparece ante la SEIDO por nexos comprobados
con el crimen organizado.
Alguna vez, el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa describió nuestro sistema político como “La dictadura perfecta” (para retractarse recientemente). Un totalitarismo que se disfrazaba de democracia, donde se celebraban elecciones sin oposición y el “tapado” era elegido al “dedazo”. El actual gobierno, asemeja al agua. No como fuente de vida, santuario de calma o inspiración poética; más bien, en sus tres estados es diferente pero idéntico. Los 3 poderes (más los poderes fácticos) se han adaptado, su plasticidad, su solides, su frialdad les ha rejuvenecido lozanamente. Suena como una mala broma, pero el reciente modelo asemeja a los universos distópicos que Huxley y Orwell tanto temían. Adaptados a las tecnologías del siglo 21, la dictadura comienza a echar raíces; “Plus que parfait”, más que perfecta, corregida y aumentada.
Abstenernos en participar en debates u opinar libremente, es regalar la ventaja. Las elecciones pueden tener un doble o un triple propósito: castigar en las urnas. “Ensayo sobre la lucidez” ¿Anulación de voto? ¿Candidatos independientes? Bienvenidos.
Alguna vez, el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa describió nuestro sistema político como “La dictadura perfecta” (para retractarse recientemente). Un totalitarismo que se disfrazaba de democracia, donde se celebraban elecciones sin oposición y el “tapado” era elegido al “dedazo”. El actual gobierno, asemeja al agua. No como fuente de vida, santuario de calma o inspiración poética; más bien, en sus tres estados es diferente pero idéntico. Los 3 poderes (más los poderes fácticos) se han adaptado, su plasticidad, su solides, su frialdad les ha rejuvenecido lozanamente. Suena como una mala broma, pero el reciente modelo asemeja a los universos distópicos que Huxley y Orwell tanto temían. Adaptados a las tecnologías del siglo 21, la dictadura comienza a echar raíces; “Plus que parfait”, más que perfecta, corregida y aumentada.
Abstenernos en participar en debates u opinar libremente, es regalar la ventaja. Las elecciones pueden tener un doble o un triple propósito: castigar en las urnas. “Ensayo sobre la lucidez” ¿Anulación de voto? ¿Candidatos independientes? Bienvenidos.

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