lunes, 2 de diciembre de 2013

Los lunícolas

     Nuestro mundo cuenta con un sinfín de bibliotecas que poseen una reputación legendaria dentro de la Galaxia, debido al basto conocimiento y erudición que almacenan. En nuestro planeta valoramos estos centros de conocimiento cósmico sobre cualquier otra cosa. En ellas están escritos los sueños y esperanzas de toda una especie; mitos que se convierten en verdades y verdades que se funden con los mitos, hasta obtener un significado superior. Tal es el caso de la historia de los lunícolas, unos seres visionarios que alguna vez recorrieron nuestra galaxia en búsqueda de una liquido capaz de darle vida a cualquier objeto: el “luma”. No conocemos exactamente el origen de los lunícolas; lo que sabemos es que quedaron varados en nuestra Luna en alguno de sus viajes. ¿Y qué es el luma? El luma es un mineral plateado de brillo incandescente; se concentra en el subsuelo de los astros después de las explosiones estelares y se mezcla con los demás elementos hasta convertirse en un líquido blanco de consistencia espesa. Los lunícolas viajan por los planetas deshabitados buscando extraer este mineral, aunque es difícil conocer su motivación; lo que sabemos es, que, se valen de colosales taladros que giran a velocidades hipersónicas que les permiten penetrar el subsuelo con facilidad y portales que desmaterializan sus cuerpos para poder explorarlo libremente. No podemos determinar el origen de este material; ciertos antiguos piensan que sus propiedades contribuyen al movimiento gravitatorio de los astros; a los puristas, les escandaliza esta propuesta; sin embargo, existe un nuevo movimiento que adquiere más fuerza mientras escribo estas palabras; asegura que el luma está impregnado en las partículas elementales, las cuales constituyen el “todo”, sin embargo, pese a los avances de nuestra especie, es algo que tomará siglos definir.
            Sabemos que los lunícolas habían pasado décadas enteras vagando entre sistemas planetarios sin tener éxito. Inspirados por su curiosidad innata, siguieron explorando las estrellas, hasta llegar a nuestra luna, en donde realizaron monumentales excavaciones y laboriosas búsquedas. Les tomó algo de tiempo, pero una buena mañana concretaron su misión; el líquido blanco que contiene el “luma” salió expulsado hacia la superficie; flotaba lentamente gracias a la gravedad cero e iluminaba la oscuridad espacial; era majestuoso.

Antes de partir hacia su siguiente destino, los lunícolas -que habían presenciado los bellos amaneceres de nuestro planeta distante, que brillaba como una canica azul-decidieron compartir un poco del luma que acababan de encontrar. En forma de cápsula, viajo desde la Luna hasta nuestra superficie; siglos, tal vez milenios después, nuestro planeta comenzó a ser recorrido por números organismos capaces de habitar en todo tipo de condiciones. Los había colosales y también diminutos, microscópicos. Nuestro planeta adquirió un color y una belleza insólita. Aún podemos encontrar remanentes del luma original en los senos de las hembras que amamantan a sus crías con cierto líquido; comparten la vida a sus criaturas con leche materna.

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