Nuestro mundo cuenta con un sinfín de bibliotecas que
poseen una reputación legendaria dentro de la Galaxia, debido al basto
conocimiento y erudición que almacenan. En nuestro planeta valoramos estos
centros de conocimiento cósmico sobre cualquier otra cosa. En ellas están
escritos los sueños y esperanzas de toda una especie; mitos que se convierten
en verdades y verdades que se funden con los mitos, hasta obtener un
significado superior. Tal es el caso de la historia de los lunícolas, unos seres
visionarios que alguna vez recorrieron nuestra galaxia en búsqueda de una liquido
capaz de darle vida a cualquier objeto: el “luma”. No conocemos exactamente el
origen de los lunícolas; lo que sabemos es que quedaron varados en nuestra Luna
en alguno de sus viajes. ¿Y qué es el luma? El luma es un mineral plateado de
brillo incandescente; se concentra en el subsuelo de los astros después de las
explosiones estelares y se mezcla con los demás elementos hasta convertirse en
un líquido blanco de consistencia espesa. Los lunícolas viajan por los planetas
deshabitados buscando extraer este mineral, aunque es difícil conocer su
motivación; lo que sabemos es, que, se valen de colosales taladros que giran a
velocidades hipersónicas que les permiten penetrar el subsuelo con facilidad y
portales que desmaterializan sus cuerpos para poder explorarlo libremente. No
podemos determinar el origen de este material; ciertos antiguos piensan que sus
propiedades contribuyen al movimiento gravitatorio de los astros; a los
puristas, les escandaliza esta propuesta; sin embargo, existe un nuevo
movimiento que adquiere más fuerza mientras escribo estas palabras; asegura que
el luma está impregnado en las partículas elementales, las cuales constituyen
el “todo”, sin embargo, pese a los avances de nuestra especie, es algo que
tomará siglos definir.
Sabemos
que los lunícolas habían pasado décadas enteras vagando entre sistemas
planetarios sin tener éxito. Inspirados por su curiosidad innata, siguieron
explorando las estrellas, hasta llegar a nuestra luna, en donde realizaron
monumentales excavaciones y laboriosas búsquedas. Les tomó algo de tiempo, pero
una buena mañana concretaron su misión; el líquido blanco que contiene el
“luma” salió expulsado hacia la superficie; flotaba lentamente gracias a la
gravedad cero e iluminaba la oscuridad espacial; era majestuoso.
Antes de partir
hacia su siguiente destino, los lunícolas -que habían presenciado los bellos
amaneceres de nuestro planeta distante, que brillaba como una canica azul-decidieron
compartir un poco del luma que acababan de encontrar. En forma de cápsula,
viajo desde la Luna hasta nuestra superficie; siglos, tal vez milenios después,
nuestro planeta comenzó a ser recorrido por números organismos capaces de
habitar en todo tipo de condiciones. Los había colosales y también diminutos,
microscópicos. Nuestro planeta adquirió un color y una belleza insólita. Aún podemos
encontrar remanentes del luma original en los senos de las hembras que
amamantan a sus crías con cierto líquido; comparten la vida a sus criaturas con
leche materna.
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